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Cuarta Editorial: Sesión de instalación de la Convención Constitucional

Por Jorge Ríos.

Coordinador General Observatorio Constituyente de la región de Los Ríos.

Agradecerles que esta vez estamos instalando aquí una manera de ser plural, una manera de ser democrático, una manera de ser participativos, por eso esta Convención que hoy día me toca presidir, transformará Chile plurinacional, un Chile intercultural, en un Chile que no atente contra los derechos de las mujeres, con los derechos de las cuidadoras en un Chile que cuide la madre tierra… es posible hermanos y hermanas, compañeras y compañeros, refundar este Chile.”; palabras de la primera presidenta de la Convención Constitucional, Elisa Loncon Antileo, quien asumió en su cargo con un discurso memorable, cargado de símbolos y conceptos, que rodearon todo el proceso de instalación del órgano Constitucional desde muy temprano, en un histórico 4 de julio de 2021.

La búsqueda de nuevas “maneras de ser” en un Chile que parecía tener resueltos casi todos sus conceptos, en una eterna transición hacia un desarrollo quimérico pero que escondía desigualdad y abuso, resulta la idea que más llamó mi atención de este discurso. Esta idea que todavía no era pronunciada, inmediatamente fue puesta a prueba a poco de iniciar la sesión de este domingo, cuando afuera del Ex Congreso Nacional comenzaron enfrentamientos entre carabineros y ciudadanos, crónica bastante anunciada que tensionó y derechamente amenazó la instalación de la Convención.

Fue Carmen Gloria Valladares quien tuvo que encontrar una solución al inminente desastre y suspendiendo la sesión por un tiempo prudente y necesario para calmar los ánimos, mostrando creo yo, una nueva “manera de imponer” la autoridad, con paciencia y serenidad por sobre la violencia que nos acostumbraron a ver en el ejercicio disciplinario estatal. Carmen Gloria, serena y tolerante, supo reanudar la sesión y desarrollar su labor de manera impecable, instalando a los convencionales electos en sus cargos y dando inicio a la primera votación de la mesa que presidiría la Convención Constitucional.

La búsqueda de una “manera de estar” en la inmensa diversidad de convencionales que pudimos apreciar por los medios de comunicación, con sus vestimentas particulares, símbolos, homenajes e incluso situaciones domésticas como la madre que mostró que la crianza es una realidad que vivimos muchos y que no se divide de nuestros trabajos sobre todo para la mujer; se canalizó en la primera votación, donde incipientes bloques políticos pudieron apreciarse apoyando sus previamente definidas candidaturas. Una derecha dura, una izquierda institucionalizada en partidos de tradición y partidos de vanguardia y los independientes tanto de centro como de ultra izquierda, mostraron sus números y convicciones ideológicas en un sistema de votación particular, voto por escrito pero no secreto, en repeticiones sucesivas hasta encontrar el cargo. Los grandes negociadores del día a mi juicio: El Frente Amplio y el Pueblo Mapuche.

Y el establecimiento público y evidente de una nueva “manera de ser” se dio con Elisa Loncón Antileo, mujer, madre, mapuche, académica de la USACH y Doctora en Humanidades, quien fue electa como la primera presidenta del órgano constituyente ante la mirada de un Chile prejuicioso que volcaba comentarios en redes sociales, clasistas y derechamente racistas, como si la preparación académica de Elisa no pudiese ser posible solamente por dónde nació o su color de piel. Esa “manera de ser” diferente, no hegemónica, no de élite y profundamente postergada por un país prejuicioso y abusivo con sus culturas ancestrales, se instaló en la testera del órgano que escribirá los derroteros normativos de Chile para el futuro, iniciando su cargo con un emocionante saludo en mapudungun.

Jaime Bassa, abogado, profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Valparaíso y activista constituyente, fue elegido como vicepresidente en una extensa votación y de forma inmediata comenzaron a funcionar como mesa operativa de los convencionales, con un minuto de silencio por todos los muertos en un ejercicio de memoria y reconocimiento de las luchas que todos los sectores han dado en la batalla cultural que significa construir un país a lo largo del tiempo. Luego reconocieron la existencia de un conflicto respecto a los presos del estallido social, para después comenzar a recibir propuestas: un reglamento feminista y una agenda de trabajo para los primeros treinta días, definiendo también su funcionamiento y ritualidad, finalizando la sesión luego de más de nueve horas de trabajo.

Las nuevas maneras del ser, las nuevas formas del ser, como propone Loncon, son nuevos conceptos que en algún momento fueron considerados imposibles de hacer o también proscritos del ser, pero que por convicción, perseverancia y decisión se sostuvieron ante el tiempo y el olvido, resistiendo lo necesario para poder verlos plasmados en esta histórica reunión, que sirvió para apreciar en cierto modo cómo somos y qué es lo que podemos proyectar desde todo nuestro potencial cultural.

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