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Primer Sondeo de Opinión Pública Observatorio Constituyente de Los Ríos: Comentario sobre resultados arrojados en Nivel de Confianza de las Instituciones y en la nueva Constitución

Por Cristóbal Herrera Morales.

Abogado; Mg. en Cultura Jurídica y profesor Derecho Constitucional, UACh.

Estas breves líneas constituyen una profundización, aunque eminentemente panorámica, del Primer Sondeo de Opinión Pública Observatorio Constituyente de Los Ríos, publicado en la página web del Observatorio el 20 de agosto de 2021. En particular, me referiré a los resultados que el sondeo arrojó en cuanto a la “Confianza” que la ciudadanía posee sobre algunas instituciones del país, así como de la nueva Constitución que esperamos resulte del actual proceso constituyente en curso.

Tal y como publicó este sondeo, a la pregunta ¿cuánto confía en las siguientes instituciones?, en general se advierte una tendencia constante y manifiesta en la percepción ciudadana; esto es, una marcada desconfianza a los órganos o instituciones del Estado de Chile. La confianza que despierta la Convención Constitucional está muy por sobre la del Congreso Nacional, los Partidos Políticos, los Tribunales de Justicia y el Gobierno. No obstante, al mismo tiempo la Convención genera un alto nivel de desconfianza en los encuestados, desconfianza sólo superada por los Partidos Políticos y el Gobierno.

 En cuanto a la pregunta de ¿cuánta confianza tiene usted en que una nueva Constitución ayudará a resolver los problemas que hoy tienen las personas que viven en Chile?, el 47% de los encuestados respondió tener mucha o bastante confianza; y el 42,3% indicó tener poca o nada de confianza. Como puede apreciarse, son resultados bastantes similares, en el sentido que, hasta ahora, la confianza o las expectativas sobre los resultados de una nueva Constitución apenas superan a la desconfianza o escepticismo hacia el nuevo texto constitucional.

¿Cómo podemos leer estos resultados? Existen varias posibilidades interpretativas, claro está. Pero, así como otras mediciones recientes y un poco más antiguas han recogido, lo cierto es que sí es posible constatar esta evidencia empírica: la falta de confianza generalizada en las instituciones estatales por parte de los ciudadanos. Y esta sensación ciudadana respecto del funcionamiento de las instituciones debería ser considerada como crucial por los órganos del Estado. Tal como señala Hilbink[1], las democracias liberales se encuentran en peligro debido a que se han convertido en sistemas liberales antidemocráticos o “modos de gobernanza tecnocráticos”, ya que el Estado ha aislado el proceso de toma de decisiones de la participación popular. En otras palabras, las instituciones se construyen con la ciudadanía; esta debe ser la impronta de los actuales Estados democráticos de Derecho. Esta es constatación es una forma sutil, casi eufemística, de explicar el grueso del problema de la constitución política de 1980. Aparte del horror social y democrático con que fuera impuesto, aquel texto fue concebido sólo para una minoría claramente identificable, sin participación ciudadana legítima.

Continuando con la Convención Constitucional, así como con la nueva Constitución que vendrá, subrayemos que ambas tienen una percepción ligeramente distinta a esta sensación generalizada de las instituciones del Estado. Digo ligeramente porque, tal y como otros muestreos han acopiado, luego de la instalación de la Convención, la confianza en su trabajo ha disminuido un poco. Este resultado es esperable. A medida que pasa el tiempo de trabajo de las instituciones, aquellas pierden el impulso que significa la novedad de su funcionamiento. Pero a eso debemos sumarle otro factor: la pérdida de credibilidad de los miembros de la Convención. Por motivos infundados o muy comprensibles -como el ominoso caso del aún constitucional Rojas Vade, cuya mentira provocó un daño todavía difícil de mensurar-, este último factor ha de ser tenido en cuenta a fin de analizar globalmente el desempeño del órgano constituyente.

 Aún con todas estas circunstancias, “lo constitucional” tiene mejores chances de conectar con la realidad ciudadana, y así avanzar hacia la solución de los malestares sociales que aquejan a gran número de la población chilena. Esta expectativa es esperanzadora, ya que es posible recomponer y construir la confianza entre Estado-ciudadanía. No sólo en cuanto los contenidos que se espera que contenga el nuevo texto constitucional, sino que la forma en que la Convención lleve a cabo su cometido -con participación ciudadana incidente, por ejemplo-, permite proyectar la responsable apuesta que el nexo de confianza pueda escribirse en nuevos términos. Esto es elemental para la construcción de un Estado democrático acorde a los aires sociales en que nos situamos.

[1] Hilbink Lisa, “Jueces, Ciudadanía y Estado Democrático de Derecho: Construir la confiabilidad para recuperar la confianza”. En Latin American Legal Studies, Volumen 5, 2019, pp. 1-36.

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