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O Fortuna IUS EDUCATIONIS: La Educación en tiempos constituyentes.

Francisco Javier Guajardo Medina
Profesor Educación Básica mención Lenguaje y Comunicación
Postítulo en Integración Educativa
Magíster en Educación Mención Integración Pedagógica y Social
Magíster en Educación Mención Gestión de Calidad

Los devenires de los tiempos van construyendo sus urgencias a medida que las coyunturas se alinean y explotan con más fuerza o menos intensidad, es como si intrínsecamente pulsara la “O Fortuna” de Carmina Burana en sus versos con la luna en todos sus estados cíclicamente, y que se “vuelve un monstruo la suerte” cuando te topas con escuelas difuminadas por las abrumadoras olas instrumentales y burocrática o fuertes y oportunas en virtud y en voluntad propia, siendo escuelas pujantes por su autopercepción ajena al desmoronamiento del derecho o la liquidez de su tiempo y espacio.

Hoy, la educación es un resultado y un signo de un proceso de deformación sostenido, que por más de 30 años se desalojó del pensamiento crítico, la curiosidad, la autopercepción histórica y, por qué no decirlo, del cimiento que desde lo profundo habita en quienes nos formamos en esas generaciones con data de 40 años atrás a lo menos; una espacie de seres consumidores de servicios, con un alto analfabetismo funcional, formados como actores de puestas en escenas que aparentaban que todo estaba bien, sin entender un ápice lo que leíamos, lo que vivíamos y lo que creíamos que éramos en lo valórico, en lo cívico, en lo espiritual y en lo material.

Desmantelamiento de la educación: un Derecho Fundamental que debemos recuperar

La historia de la educación en Chile siempre convivió con una diversidad de proyectos educativos, donde lo confesional y lo laico construían alternativas; pero el rol de la responsabilidad pública nunca estuvo en tensión de ser cuestionada, al contrario, los liceos públicos eran garantes de las pruebas de nivel que establecimientos -no dependientes del Estado- debían cumplir para certificarse. Lo público en la educación era señal de “bien común”, o como menciona Pedro Aguirre Cerda, la escuela pública es el más alto derecho entregado por el Estado. Proceso que ve su primer logro en la “Ley de Instrucción Primaria” de 1920. No obstante, el principio de Aguirre Cerda fue deformado, su decir que “la educación es el primer deber y el más alto derecho del Estado” fue borrado con el codo por “la educación es el primer deber y más alto servicio a elegir cuidado por el Estado”, hemos asistido así a la tergiversación de un Derecho Fundamental.

El desmantelamiento de la escuela pública, desde la Dictadura en adelante, se ha ido superando con instantes zigzagueantes de aciertos como la LEY SEP y desaciertos como lo son trabas y tramitaciones burocráticas no pensadas para instituciones vivas y dinámicas, como es el caso de las escuelas. Es así como uno de esos colmos sucede en los Servicios Locales de Educación en ejecución, que hace que sus tiempos de compras estén tan ralentizados de manera absurda, que solo permite a lo menos sospechar el querer ver el fracaso ese nuevo espacio, más que la voluntad política que crezca y se desarrolle, porque claramente no pasa por la voluntad de los -Servicios- ejecutar o no el presupuesto, más bien existe un abandono e ignorancia de los dinamismos de funcionamiento de las escuelas, pues no es igual los tiempos de respuestas para instituciones que están ligadas directamente a la sociedad civil construyéndolas, a diferencia de otras que ejercen un rol solo de administración.

Una nueva constitución para una nueva escuela

La Convención tiene un desafío en lo educativo que va más allá de la elegibilidad de las escuelas. Uno de los elementos fundantes para zafar de esta “rueda de la fortuna” es la mirada de la ciudadanía que queremos cimentar, la responsabilidad efectiva de la educación hacia la construcción del progreso y transformar la mirada de padres-clientes que van a un mercado de ofertas educativas donde la jibarización de la escuela pública tiene el mismo tratamiento que la escuela privada; a contraposición de los propios países OCDE, que al tener un sistema público robusto la elegibilidad de las familias radica en elementos particulares que esperan de esos proyectos, pero no transforma el sentido de lo público en la externalización de una responsabilidad que primero le compete al Estado como órgano representativo de una nación, de una mirada país a presente y a futuro. La libertad de enseñanza no es libertad de mercado, ese error epistemológico es una bravata que permanentemente se pregona para sacar de centro la reflexión profunda de lo educativo.

La educación de un país es el bien superior, que debe representar aquello que el país sueña como proyecto cívico, pues como señala el dicho “el talento no tiene jardín único”. La capacidad de talentos artísticos, científicos, culturales, intelectuales que radica en cada niño y niña  es un puente de lo humano que conecta con el signo de estos tiempos, no formamos futuros empleados u operarios de algo, formamos seres humanos que con sus esfuerzos y valores abracen siempre una sociedad de derecho, de responsabilidad cívica y democrática, por eso la formación de cada estudiante debe contemplar todas las dimensiones del crecimiento de lo humano, una mirada de vida tanto trabajadora como académica, artista o científica que hará de su proyecto vital un lugar país.

En lo educativo, la nueva Constitución debe ser sentida, pensada y parlamentada para que los seres humanos que tengan la experiencia de ese derecho lo vivan desde el propósito país y no propósito mercado; que encarne más allá de utopías y retóricas vacías el ejercicio cívico del pensamiento, de la emoción y la construcción espiritual que acalle las jaurías de gaznápiros, que pontifican verdades absolutas y supeditan creencias personales en -deberes ser-  que habitan solo en esas intimidades minúsculas y ególatras como lumbreras de la verdad, que no son más que una sociedad de la transparencia que da vueltas en su propio nicho de opinión; ecosistemas infértiles de vida capaces de caer en la esquizofrenia de las masas.

Esta nueva Constitución debe propulsar una mirada de niños y niñas como sujetos de derechos, sin subestimaciones hacia ellos ni sus comunidades educativas, un propósito matriz que en su cientificidad, construcción ética y estética, sea capaz de brindar un sistema educacional que desde la primera infancia hasta la vida universitaria sea un articulado nacido de sus profesores, directores, sostenedores, apoderados, asistentes de la educación y que en su relato conjunto nutran la visión de país y de Estado. Que vuelvan las Gabrielas, los Parras, los Maturanas, y todos aquellos que de antaño se educaron en las aulas, quienes en su tiempo y en su momento dieron el palpitar de la época. Hoy la nueva “Escuela Pública” precisa de un marco constitucional que nos permita desde la técnica, la economía, la filosofía y la pedagogía un lugar de dignidad, donde prime el ser humano y su legitimidad, y donde la diversidad, la multiculturalidad y el medio ambiente sea la urgencia del camino a trazar en los albores de este nuevo siglo que vivimos en conjunto.

Que la “O Fortuna IUS EDUCATIONI” sea a favor de quien nazca o quiera vivir en este rincón de la existencia, y el propósito de esto sea un valor intransable de construcción social, de nuestra vida cotidiana, de un país como escribió Esteban Gumucio, puedan decir “Aquí quepo yo”.

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