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EDITORIAL: LA PIÑATA Y LAS ENCUESTAS.

Por Jorge Ríos del Río.
Coordinador Observatorio Constituyente de Los Ríos.

Todos los días pasan cosas en torno a la Convención Constitucional, dentro como fuera del hemiciclo nos enteramos de circunstancias bastante mundanas que exhalan esa profunda humana condición que alcanza la política en la vida cotidiana y que van desde ese olimpo ideológico que pocos manejan con destreza, a las bajezas adolescentes que algunos se apuran a subir en sus redes sociales como muestra de rudeza o fuerza política transformadora.

Aludimos aquí al episodio de la piñata con el rostro del convencional Garín que fue deliberadamente golpeado con un garrote en la fiesta de la hija del convencional Atria, episodio que simboliza mucho de lo que sucede en Chile, un país que esconde una violencia importante de la cual ni las élites se salvan y que precisamente es parte fundamental del proceso que vivimos en la Convención, pues todo este entramado institucional constituyente responde a la búsqueda de una solución pacífica para la violencia que dinamitó el pacto social del país en que vivimos, por lo mismo los gestos si importan y terminar (o suavizar para no pedir tanto) la “cultura de la funa” que vivimos significaría un avance político tanto para el clima social, como para las prácticas políticas de las huestes de esta neo izquierda progresista que busca lograr confianza en el electorado.

Tampoco resulta una buena idea salir a negar hechos que resultan preocupantes como lo son rechazar a priori tres encuestas simultáneas y con metodologías distintas, que llegan a la misma conclusión y que aluden a que el rechazo crece para el plebiscito de salida. Hechas las salvedades técnicas como son el grado de manipulación de algunos instrumentos anteriormente formulados y el hecho de que con voto voluntario las encuestas bajaron dramáticamente su capacidad de predecir resultados, resulta un hecho de la causa que precisamente el escenario es otro, uno con voto obligatorio y con una incesante actividad de obstaculizar el curso del debate por parte de los convencionales conservadores con acceso a los poderes fácticos, por lo mismo urge tomar con seriedad estos hecho y no hacer como el convencional Stingo y meramente construir un escenario conspiranoico de medios oligárquicos contra la Convención, no analizar como avanza el proceso y corregir las críticas sin construir un escenario de realismo mágico que niega la percepción ciudadana.

¿Cuál es el límite de la torpeza o de la inexperticia? Podríamos preguntarnos siempre, pero como se acostumbra en estas nuevas prácticas políticas, la respuesta sería aludir infinitamente a las condiciones negativas del otro, apelar al aprendizaje y finalmente victimizarse. La autocrítica es una condición que se extraña en esta mayoría relativa en la Convención Constitucional, Apruebo Dignidad, quienes premunidos de la seguridad de quienes se auto ungen como transformadores de una realidad caricaturizada como chata y abusiva, no dudan en negar hechos y métodos para caer en una pulsión obsesiva con las propias ideas, error a nuestro juicio garrafal pues arriesga algo tan trascendental como lo es lograr la Nueva Constitución.

Si en otras editoriales nos jugamos por el rol de Boric sobre Kast para el futuro de Chile, estas malas prácticas directas e indirectas de cuadros de Apruebo Dignidad hacen que la duda se posicione sobre muchas opiniones y que la luna de miel resulte no sólo corta, sino que se transforme en un divorcio completo con un sector social mayoritario que no adhiere a las prioridades de este bloque político, pues y como todo está imbricado en el andamiaje político nacional, una crisis de la Convención inevitablemente golpeará al novel gobierno que inicia.

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